Los cuatro acuerdos Toltecas

de Miguel Ruiz

Una mañana en el desayuno, vi como este libro pasaba de la mano e mi compañera María Luisa a manos de otra compañera a la que había interpelado unos días atrás por un asunto de “incompatibilidad de caracteres”. Mi amiga María Luisa quería ayudarla, y lo hacía en modo de sabiduría compartida. Quería ayudarla a comprender lo que había pasado, quería llevarla a la paz de su alma, y aunque entonces no lo comprendía, quería ayudarla a crecer. Pregunté cuál era aquel libro tan raro, y muy por encima me contó algo sobre los Toltecas, no sé qué de unos acuerdos que se se llevaban entre manos y algo relacionado con crecimiento personal y una energía que no acababa de encajar en mi mundo de entonces. Supongo que no me resultó nada atractivo, porque recuerdo que me mandó el libro en pdf, lo hojeé y acabé por guardarlo en Drive por los siglos de los siglos. Un día, volvió a mi mente. Ya había comenzado a leer sobre el universo, las energías, las vibraciones, el pensamiento positivo y todo esto del cultivo personal. Así que lo rescaté del Drive y lo leí. Gracias Drive.

Hoy quiero dejaros algunas pinceladas, pero lo realmente satisfactorio sería que os leyerais el libro. Os dejo el enlace en amazon, por ejemplo, que es lo que más domino, y por lo que me llegan algunas perrillas (que también hay que decirlo…) aunque podéis encontrarlo en otras muchas librerías físicas y on line.

En primer lugar, y en relación a los Toltecas, puedes dirigirte a la wikipedia para saber algo más de ellos, pero a groso modo, puedo contarte que Fueron una cultura precolombina que dominó la mayor parte del centro de México entre los siglos X y XII. En definitiva, fueron los que los españoles nos dedicamos a matar y evangelizar en nombre del progreso. Cosas…

Voy a ir nombrando os los acuerdos uno a uno, y recordad, que son súper prácticos para el día a día, en casa, en el trabajo, con los amigos, en el grupo de whatsapp del cole…Es lo típico que cuando lees, dices “mierda!, cómo no caí antes?”, porque son simples e intuitivos.

Empezamos:

EL PRIMER ACUERDO

Sé impecable con tus palabras

Es el acuerdo más importante y también el más difícil de cumplir.

Que lo sepas:  tu intención se pone siempre de manifiesto a través de las palabras. Las palabras son la herramienta más poderosa que tenemos como seres humanos.  Son un arma , pero una peligrosa arma de doble filo: pueden crear el sueño más bello o destruir todo lo que te rodea. Un clásico ejemplo es cuando somos pequeños y oímos de nuestro entorno y en un continuo eso de “este niño es un trasto”, “no sirve para estudiar”, “es un vago”, y cientos de lindeces más que entran directamente en nuestra mente y acaban por cambiar nuestra creencias y por supuesto, por cambiarnos a nosotros. Esos niños acabarán creyendo que son un trasto, un vago, un inútil…y por lo tanto, acabarán siéndolo. Por lo tanto, impecable significa, sin pecado, sin mancha, palabras limpias y claras, seguras, que nunca vayan en contra de uno mismo. Cuando eres impecable, asumes la responsabilidad de tus actos, pero sin juzgarte ni culparte. De hecho, ahora mismo, con mis palabras escritas, estoy plantando una pequeña semilla en tu mente. Que crezca o no, dependerá de lo fértil que sea tu mente para recibirla. Tú decides si llegas o no a establecer este acuerdo contigo mismo: Soy impecable con mis palabras. Nutre esta semilla, y a medida que crezca en tu mente, generará más semillas de amor que reemplazarán a las del miedo.

Y otra cosita, ¿cuántas veces hemos hablado mal de los demás y lo peor, cuántas veces hablado mal de nosotros mismos? Pues todo lo que dices, lo acabas creyendo, tanto de tí, como de los demás. Lo que crees, lo acabas siendo, y lo que acabas siendo, lo reflejas en tu entorno. Vaya responsabilidad!!

Por lo tanto, cuida las palabras que usas para hablarte, para definirte. Esas palabras te harán grande o pequeño. Tú decides. Cambiarán tu entorno y tu vida. Como ejemplo práctico de todo esto que te cuento, te recomiendo el estudio que hizo el Dr. Masaru Emoto sobre las partículas del agua, en el que se establece que  la energía de las palabras hace cambiar las moléculas y las convierte en cristales bonitos o feos. Esto nos hace pensar, que si esto es así con simples partículas así, ¿qué puede hacer esta mismas palabras sobre nosotros mismos?.

Te recomiendo también este vídeo, con el mismo experimento pero sobre las plantas. Puedes verlo pinchando aqui.


EL SEGUNDO ACUERDO

No te tomes nada personalmente

Suceda lo que suceda a tu alrededor, no te lo tomes personalmente.

El tomarse las cosas personalmente, es la expresión máxima del egoísmo, porque consideramos que todo gira alrededor de nuestro ombligo. Pero nada más lejos de la realidad, y te aseguro, que lo que los demás hacen en su vida no es por ti, cariño, solamente lo hacen por ellos mismos. Todos vivimos en nuestro propio mundo, en nuestra propia mente. Cada uno de nosotros vivimos en un mundo distinto, con nuestros valores, nuestras verdades, nuestros sueños. Incluso cuando una situación parece muy personal, por ejemplo, cuando alguien te insulta directamente, eso no tiene nada que ver contigo. Lo que esa persona dice, lo que hace y las opiniones que expresa no son más que los acuerdos que ha establecido en su propia mente. Es su manera de ver el mundo, que además es única y personal, sólo eso.

Cuando te tomas las cosas personalmente, te sientes ofendido y reaccionas defendiendo tus verdades y creando conflictos. Haces una montaña de un grano de arena porque sientes la necesidad de tener razón y de que los demás estén equivocados. Si te tomas las cosas personalmente, te expones a sufrir por nada.

Cuando no logres no tomarte nada personalmente y se convierta en un hábito firme y sólido, te evitarás muchos disgustos en la vida. Tu rabia, tus conflictos e incluso tu envidia desaparecerán, por lo tanto, la tristeza se alejará de tí, y la felicidad será bienvenida.


EL TERCER ACUERDO 

No hagas suposiciones

Ains!, esto me recuerda tiernamente, cuando al entrar al instituto, el chico que me gustaba me decía “hola”, y entonces mi cabeza empezaba a elucubrar cientos de miles de teorías sobre por qué me había dicho “hola” y porque el matiz del “hola” de aquella mañana era algo más seco que el del día anterior. Entonces empezaba a suponer que yo realmente no le gustaba, que mi personalidad no era la adecuada y que el mundo acabaría en otro big ban del amor. Realmente, hoy en día, lo pararía y le preguntaría del tirón si yo le gusto. Tal cual. Economía del tiempo y experiencia.

Pero aunque parezca una exageración, hoy en día, con esta nuestra edad, seguimos haciendo suposiciones sobre todo. Y el problema es que, al hacerlo, creemos que lo que suponemos es cierto, de hecho ‘re-juraríamos‘ que es real. Hacemos suposiciones sobre lo que los demás hacen o piensan ( y encima, nos lo tomamos personalmente, puag!), y después, los culpamos y no nos queda otra que reaccionar enviando todo nuestro arsenal de veneno emocional con nuestras palabras. Así, acabamos comprendiendo las cosas mal, nos lo tomamos personalmente y acabamos haciendo un gran drama de la nada más absoluta .A esto también se le conoce como “montarte tus propias películas”.

Y es que, como humanos que somos, necesitamos justificarlo, explicarlo y comprenderlo todo para así sentirnos seguros.  Y claro, no importa si la respuesta es correcta o no, nos da absolutamente lo mismo. Pero por fin tenemos nuestras lagunas de la historia llenitas, y eso es lo que necesitábamos. Fin.

Lo peor de todo es que también hacemos suposiciones sobre nosotros mismos, y esto nos crea muchos conflictos internos. Si por ejemplo supones que eres capaz de hacer algo, y después descubres que no lo eres, pues te hundes en la miseria. Sin embargo, lo que pasaba es  que tal vez necesitabas más datos sobre lo que estaba pasando y no te habías hecho la suficientes preguntas. Y ni que decir, que aquí entra muy en escena el arte de ser extremadamente sincero con uno mismo. Épica batalla, sí señor.

Así que llegamos a la conclusión de que la mejor manera de evitar las suposiciones es preguntar. Asegúrate de que las cosas te queden claras y si no comprendes alguna, ten el valor de preguntar hasta que quede lo más claro lo posible, y aún así, no supongas que lo sabes todo sobre esa situación en particular. Cuando ya no hagas suposiciones, tus palabras se volverán impecables.

EL CUARTO ACUERDO

Haz siempre tu máximo esfuerzo

Y por fin el cuarto, el que permite que los otros tres acuerdos se conviertan en hábitos profundamente arraigados. Por lo tanto, es el que se refiere a la realización de los tres primeros: Haz siempre tu mejor esfuerzo. Bajo cualquier circunstancia, haz siempre tu máximo esfuerzo, ni más ni menos.

A ver, te explico, sí intentas esforzarte demasiado para hacer más de lo que puedes, gastarás mucha más energía de la necesaria, y al final tu rendimiento no será suficiente. Acabas agotando tu cuerpo y por lo tanto acabas yendo contra ti mismo.

¿Cuál es la estrategia entonces? Pues hacer exactamente lo que puedes hacer y así no llegarás a frustrarte, ni a culparte ni a juzgarte. Aprenderás a  conocer tus limitaciones y a aceptarte a ti mismo tal y como eres. Vivirás con gran intensidad, serás productivo, y serás bueno contigo mismo haciéndote sentir inmensamente feliz. 

No se trata de hacer más o menos que nadie. El único rasero eres tú. Acepta que también necesitas descansar, no te culpes por ello. En nuestro mundo dar el máximo significa trabajan mucho e intensamente, tener mala cara, ojeras moradas y padecer de estrés. Nada más lejos de la realidad. Vive lo mejor que puedas y haz de tu vida su mejor versión.

En definitiva, haz siempre lo máximo que puedas por mantener estos acuerdos, y pronto te resultará sencillo.

Hoy es el principio de una nueva aventura

¿Qué te han parecido los cuatro acuerdos de la sabiduría tolteca? Pueden que sean muy antiguos, pero puedes traerlos al siglo XXI sin ningún problema, ¿verdad?. 

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Escrito por

Buscar, aprender y compartir. Verbos que me definen.

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